domingo, 24 de febrero de 2013

...amor


Cuando se escribe de amor hay que hacerlo con rojo, como la sangre y las amapolas, mientras se bebe ginebra. 
No sé por qué, pero la ginebra está en muchas de las películas, libros y poemas que hablan de amor.
La ginebra está en La Reina de África (John  Huston, 1951), es el gran amor de Charlie Allnut (Bogart) que bebe y bebe Gordon's sin parar hasta que Rose Sayer (Hepburn) la lanza por la borda y ocupa su lugar. 
La ginebra baña una de las páginas de Las Afueras  (Pablo García Casado, 1997), se mezcla con besos, sábanas y mañanas de domingo. Ginebra besos
La ginebra está en el centro de la conversación del relato de Raymond Carver De qué hablamos cuando hablamos de amor (1981). Los cuatro amigos se reunen en torno a la mesa de la cocina frente a una botella de ginebra intentando encontrar una definición de amor, algo absoluto, o al menos una certeza de que lo que ellos creen que fue amor, en efecto, lo fue. Hasta que no se agote no se levantarán para ir a cenar. Evidentemente la ginebra se acaba antes de que llegue el consenso. Ni si quiera un cardiólogo tiene la clave.

Y estoy segura de que Quique bebía ginebra cuando la compuso..




viernes, 21 de septiembre de 2012

juventud...


 "Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer..."
Rubén Darío 
 
Cuando decidí volver a escribir en el blog pensé que lo mejor era cambiarlo por completo. Pensé que ya no era momento de tener un blog tan personal, que sería bueno hacer algo menos "subjetivo" que pudiera despertar el interés general. Así, empecé escribiendo entradas sobre libros o películas que estaba leyendo o había visto recientemente y decidí emparejarlos de manera que en realidad los tomase como pretexto de un tema concreto.
Y aunque la fórmula me gusta, hay veces, como hoy, que me resulta imposible reprimir las ganas de escribir una entrada sobre esta situación de mierda en la que nos encontramos. Quizás porque no he sido capaz de hallar ni libro ni película que refleje la situación actual de desconsuelo en la que muchos jóvenes españoles estamos. Por no encontrar, a veces no encuentras ni apoyo

Hace dos años leí ¡Indignáos! de Stéphane Hessel y no encontré nada en ese libro que me despertara una conciencia de nada. He encontrado más motivos para indignarme, rebelarme y luchar en los libros de Thoreau o de Capote que en ese libro, que, sin quitarle mérito, me parece tan soso que la mera relación con el 15-M se me antoja difusa y extraña. Aunque viendo en qué ha quedado el 15-M quizás tienen más relación de la que yo pensaba. El 15-M, fenómeno popular que tiene su base en el hartazgo de la sociedad española que sale a la calle y ejerce su derecho a protestar y que tras 6 meses acaba en un recuerdo de lo que pudo ser y no fue. Como mayo del 68. Quizás cuando pasen 10 años sirva como tema de alguna exposición de fotografía o algún ensayo literario. Ya veréis...
No sé vosotros, pero yo no veo preocupación en los políticos de nuestro país por el paro juvenil, no los veo lamentarse y preguntar cómo hemos llegado a esto, cómo un país puede tener la mitad de los jóvenes entre 18 y 30 años en paro, cómo puede haber personas con estudios universitarios sin trabajo y cómo podemos permitir que una generación entera vague sin dirección, exista sin más. A eso nos vemos reducidos, a la mera existencia y casi tenemos que dar las gracias. 
Algunos no tenemos paro, otros teniendo derecho no lo disfrutan porque tienen padres que pueden mantenerlos, otros van de bar en bar dejando curriculums y les dicen que no son los primeros licenciados que han llegado buscando trabajo, otros discuten con sus padres porque se niegan a aceptar cualquier trabajo, porque ellos no han estudiado una o dos carreras para acabar fregando platos o haciendo pizzas. Y que se moleste quien quiera, no, yo no he ido a la universidad para acabar así. Aunque posiblemente, acabe así, haciendo pizzas, repartiendo publicidad, friendo patatas, dando clases particulares o limpiando suelos y teniendo, además, que sentirme afortunada por tener un trabajo. Y eso es triste, es muy triste.

Y lo más triste de todo es pararte a pensar en cuando eras pequeño, hacer un ejercicio de memoria y recordar las veces en las que te dijiste a tí mismo que estudiar era la única opción, que sólo hay recompensa para quien hace bien las cosas, recordar las veces que oíste lo difícil que era en tiempos de tus abuelos estudiar una carrera, ser consciente de lo duro que lo tuvieron tus padres, recordar a tu abuela decirte " tú vales mucho" y creértelo y pensar "me voy a comer el mundo". Y no. Nada de eso. 
Acto seguido, arrepentirte de todas y cada una de las decisiones que te empujaron a estudiar esa carrera o una carrera en general. Pensar, ¿Por qué no habré estudiado una FP? Hacer un ejercicio de conciencia y examinar cuanta culpa tienes tú mismo de la situación en la que estás y finalmente, darte cuenta de que no eres el único pero que aunque la culpa no sea nuestra, nos vamos a comer la mierda solitos. Nadie se preocupa de nosotros. Molestamos en las estadísticas, molestamos al gobierno y molestamos a nuestros padres. Llegado a este punto, nos venden como solución el extranjero y hablas con cualquiera en tu misma situación y lo único que oyes es "cuánto daño ha hecho españoles por el mundo". Te preguntas si la solución está en el exilio y aunque sabes que no, llegas a la misma conclusión. Sobramos

"Side with the seeds"  Wilco



sábado, 5 de mayo de 2012

... principios


"Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal"
Kant. 

"Jane Eyre" (Charlotte Brönte, 1847) es, además de un clásico de la literatura inglesa, una novela de razones y principios universales. Impregnada de los ideales de la Ilustración, son tres aspectos los que a mi juicio destacan por encima de los demás. La educación, la autonomía individual y la razón.
Desde que conocemos a Jane Eyre con 10 años hasta que la dejamos con aproximadamente unos 25 se mantiene fiel a unos principios fundamentados en la universalidad, no en la individualidad. Es decir, son estos y no otros, los que te conducen por una vida justa y merecedora de la bondad de Dios, no sólo en la otra vida, sino también en ésta, lo que ya es un alivio. 
Jane Eyre es la viva imagen de que ser bueno y justo tiene una recompensa. Es el modelo de educación tradicional, es el cuento de la cigarra y la hormiga. Sin embargo, esto no tiene vigencia hoy día. Nuestra sociedad está desfasada, nos educan e inculcan un modelo de educación basado en la recompensa por ser buenos y justos en un mundo donde ser buenos y justos parece que ya no merece un premio, sino una colleja. No es "cool" ser una buena persona. Y por otro lado, ¿dónde fundamentas tus principios si ya no hay donde hacerlo? El individuo actual se encuentra en una encrucijada.

"Drive" (Nicolas Winding Renf, 2011) y "Shame" (Steve McQueen, 2011) nos muestran dos caras de esta encrucijada. "Shame" es la historia de un tipo que lo tiene todo y en tal cantidad que en realidad parece falso. De una primera parte en la que cualquier hombre o mujer sentiría envidia de Brandon pasamos a una segunda parte en la que cualquiera siente pena por él. Mostrándonos a un ser perdido y atormentado, arrepentido por haberse desviado del buen camino. Llenando con sexo el vacío de su vida, de manera que la brecha que separa sus principios de la realidad se abre más y más, hasta el precipicio.
"Drive" al igual que "Shame" parte del individualismo, reafirmando la condición posmoderna de que en esta sociedad estamos solos, solos como la una. Pero el protagonista, al contrario que Brandon, si encaja sus principios con la realidad, sin embargo, estos no son universales, ni él aspira a que lo sean. Son sólo son suyos, es individualista, siendo él mismo su único juez. Obra por sí mismo y para sí mismo.
Si Jane Eyre es una heroína por conducir su persona por el camino de la virtud dando ejemplo a la humanidad, "Driver" es el anti-héroe. 

Somos hijos de la posmodernidad, la época dónde los grandes relatos han perdido su vigencia (Lyotard) y quizás el siglo XXI, a pesar de todas sus películas de superhéroes y vengadores, puede que no esté preparado para otra Jane Eyre.